Verdaderos adoradores
Por fin tuvo la oportunidad de visitar la iglesia. En la parte más profunda del sótano, Annie Dillard llegó a una pequeña cueva, llena de velas y lámparas que iluminaban un rincón. Allí, una estrella de plata de catorce puntas cubría el piso de mármol. Estaba en la Gruta de la Natividad, el lugar donde, según la tradición, nació Jesús. Sin embargo, no la impresionó en absoluto, ya que entendía que Dios era mucho más grande que ese sitio.
Dios canta sobre ti
Diecisiete meses después del nacimiento de nuestro primer hijo, llegó una niña. Rebosaba de alegría ante la idea de tener una hija, pero estaba un poco inquieto porque, aunque sabía algo sobre varones, ese era territorio desconocido. La llamamos Sarah, y uno de mis privilegios era hamacarla para que se durmiera, para que mi esposa pudiera descansar. No sé bien por qué, pero comencé a cantarle para que durmiera, y escogí la canción You Are My Sunshine [Eres mi sol]. Sosteniéndola en mis brazos y mirándola en su cuna, cantaba literalmente sobre ella, y me encantaba. Ahora tiene más de 20 años, y todavía la llamo Sunshine.
Con nosotros en el valle
Cuando Hannah Wilberforce (tía del abolicionista británico William Wilberforce) estaba por morir, escribió una carta en la que dijo haber oído sobre la muerte de un hermano en Cristo: «Bienaventurado es el querido hombre que partió a la gloria; ahora en la presencia de Dios, a quien sin verlo amaba. Mi corazón parecía saltar de gozo». Luego, describió su propia situación: «Yo, mejor y peor; Jesús, tan bueno como siempre».
Todo lo bueno
Todos los viernes por la noche, el noticioso que ve mi familia concluye la transmisión con una historia inspiradora. Una de esas historias se concentraba en una periodista que había padecido COVID-19, la cual ya estaba recuperada y había decidido donar plasma para ayudar a otros. En ese momento, todavía no se sabía bien cuán eficaces serían los anticuerpos. Pero mientras muchos no saben qué hacer, e incluso ante la incomodidad de donar plasma, ella sintió que «era un pequeño precio que pagar por la posible recompensa».
De perdición a predicación
Darío era una leyenda del béisbol que casi destruye su vida con las drogas. Pero Jesús lo liberó, y hoy ayuda a otros que luchan con adicciones y los guía a la fe en Cristo. Al mirar atrás, afirma que Dios transformó su perdición en una predicación.
Misericordia y gracia
Un majestuoso girasol se erguía solitario junto a un tramo de autopista nacional. Cuando pasé con el auto, me pregunté cómo habría crecido allí sin ningún otro girasol a la vista. Solo Dios podría crear una planta tan robusta que prosperara tan cerca de la carretera, en medio de tanta grava gris. Allí estaba, exultante, meciéndose suavemente en la brisa y saludando a los viajantes que pasaban apurados.
Una buena razón
Las dos mujeres ocupaban los asientos del pasillo, uno frente al otro. El vuelo duraba dos horas, así que fue inevitable ver algunas de sus interacciones. Estaba claro que se conocían; quizá incluso eran parientas. La más joven (de unos 60 años de edad) buscaba a cada rato en su bolso para pasarle a la otra (de unos 90 años) bocadillos y entretenimiento. Cada entrega mostraba ternura y dignidad. Cuando nos levantamos para bajar del avión, le dije a la más joven: «Vi cómo la cuidaba. Qué hermoso». Me respondió: «Es mi mejor amiga. Es mi madre».
Es importante escuchar
«Vengan de inmediato. Chocamos contra un iceberg». Esas fueron las palabras que recibió Harold Cottam, el operador de radio del RMS Carpathia, procedentes del Titanic que se estaba hundiendo, a las 12:25 de la noche el 15 de abril de 1912. El Carpathia sería el primer barco en llegar a la escena de la tragedia y salvar 706 vidas.
De oración y estrellas
Lara y David querían desesperadamente tener un bebé, pero el médico les dijo que no podían. Ella le confesó a una amiga: «Estoy teniendo conversaciones muy sinceras con Dios». Pero después de una de esas «charlas» con Dios, la pareja habló con su pastor, quien les habló sobre el ministerio de adopción de la iglesia. Al año siguiente, fueron bendecidos con un bebé adoptivo.
En Dios confiamos
Al comienzo de la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, se lanzó una expedición contra los británicos en Quebec. Al pasar por Newburyport, en Massachusetts, visitaron la tumba del famoso evangelista George Whitefield. Abrieron el féretro y le sacaron el collar y los puños clericales, y los cortaron y repartieron, creyendo erróneamente que eso podría ayudarlos a triunfar.